¡Bienvenid@ a La Terapia del Canguro!

¡Bienvenid@ a La Terapia del Canguro!

Este blog es el punto de partida de una iniciativa para prestar ayuda y todo el apoyo posible a personas afectadas de cáncer, leucemia y linfoma. ¿Qué tiene de particular? Pues que quien suscribe ha estado viviendo esta experiencia… ¡en primera persona! Sí, me estoy recuperando de un cáncer, pero el mundo no se acaba tras el diagnóstico. Queda mucho por vivir, mucho por aprender y mucho por disfrutar… ¿Te unes al canguro?

Junio 2013
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¡Tirad vuestras pelucas, guardad vuestros pañuelos para la cabeza, gorros y demás outfits de moda “onco”! ¡Ojiplática me he quedado cuando he visto esta noticia!La publicaba la agencia EFE hace unas horas, y no tiene desperdicio. Y es que uno de los aspectos que más preocupa a l@s pacientes oncológic@s es la pérdida del cabello como efecto secundario de la quimioterapia. Pues al parecer, en Estados Unidos ya están probando una técnica experimental, ya utilizada en algunos países europeos, que podría ayudar a los pacientes de cáncer a evitar quedarse lampiños cual bolas de billar.

Los médicos del Centro de investigación dedicado al cáncer de la Universidad de California, en San Francisco, coinciden conmigo en que la pérdida del pelo es uno de los efectos secundarios “más traumáticos”. No hay explicación lógica, tu vida peligra porque te han detectado un cáncer y vas tú y te preocupas por tus greñas. Parece de locos (pero no lo es: es la realidad). Yo he llegado a la conclusión de que esta preocupación desmesurada por el aspecto físico puede ser un mecanismo de auto-defensa de nuestra psique ante el fuerte impacto del diagnóstico de cáncer. ¡Consultaré con Marta, la psicóloga colaboradora del Canguro, si esta puede ser la explicación!

El caso es que han iniciado el proyecto “Hair to Stay” (Pelo para quedarse) en el que se evalúan las posibles soluciones que pueden reducir la pérdida del pelo en pacientes con cáncer de mama (esperemos que también para pacientes con otros tipos de cáncer). Para ello han utilizado el “Dignicap”, un sistema de enfriamiento del cuero cabelludo, que ya se utiliza en Europa, pero que tiene que ser aprobado por las autoridades sanitarias estadounidenses. El dispositivo consiste en un gorro de neopreno con un líquido refrigerante que circula dentro de una cápsula de gel, que refresca el cuero cabelludo mientras el paciente recibe el tratamiento.

Al enfriar el cuero cabelludo, los vasos sanguíneos que rodean el folículo se cierran y con la reducción del flujo sanguíneo baja la cantidad de absorción de las sustancias químicas de la quimioterapia. Sencillamente ¡genial! Queremos un gorraco de esos por Navidad ;)

Pero no es tan sencillo, porque como casi todos los avances científicos, los gorros tienen  un “pero”: solo protegen del calor durante 20 minutos, y durante cada sesión de quimio tienen que usarse al menos una docena de gorros por persona. Vamos, que de gorra no saldrían los gorros… Por eso los médicos están estudiando otras opciones para el enfriamiento del cuero cabelludo. En Estados Unidos no se ha utilizado este sistema de frío debido a la preocupación de que el enfriamiento del cuero cabelludo pudiera permitir a las células cancerosas esconderse en esa zona del cuerpo (como los piojos, pero ¡más invisibles! :S).

El objetivo del nuevo estudio de viabilidad es probar si los pacientes toleran el gorro, que fue inventado en los años noventa en Suecia por una enfermera de oncología y que comercializa la compañía sueca Dignitana. Según una investigación realizada por Dignitana, 8 de cada 10 mujeres en Europa y Asia, que utilizó el sistema de la empresa tapa de refrigeración durante la quimioterapia mantuvo el pelo.

Si se logra una fórmula eficaz, podría evitarse la caída del pelo en pacientes oncológicos. ¡Eso sí que sería un salto de canguro!

Fuentes consultadas: Agencia EFE.

Fotos: Amy Altshuler, Dignitana.com.

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“La autoestima te da el 90% de la fuerza para afrontar el cáncer. La seguridad que le da a una persona verse guapa, verse con pelo, no tiene precio”

( Maria Esther Lago, peluquera y vendedora de pelucas)

Uno de los principales efectos secundarios de la quimioterapia es la caída del cabello, un hecho que suele resultar más traumático para nosotras que para ellos. ¿El motivo? No hay una explicación racional, puede ser por cuestiones de moda, de los cánones estéticos que nos impone la sociedad, incluso puede ser coquetería… O una mezcla de todos estos factores. Lo cierto es que cuando nos vemos sin pelo, nos convertimos en mujeres al borde de un ataque de nervios. Aunque algunas no quieran reconocerlo y se hagan las fuertes, el tema de la caída del cabello preocupa (y mucho) a la mayoría de las mujeres diagnosticadas de cáncer, leucemia o linfoma. Por suerte hay solución, y para algo están las tiendas de pelucas ¿no?

Sus precios varían en función del material del que están hechas, sintético o cabello natural. Las de cabello natural están tan bien logradas que sólo la usuaria nota que lleva una peluca. Pero si quieres tener más de una y tu bolsillo no puede soportar este cuantioso gasto, están también las sintéticas, de mayor o menor calidad (¡cuidado, no se trata de ir disfrazada de Morticia Addams!).

Maria Esther Lago Iglesias fue peluquera durante 10 años y hace 23 que se dedica al negocio de la venta de pelucas. Desde 1970, esta viguesa de 50 años muy bien llevados regenta el establecimiento Monna Lissa en la calle Cuba, cerca de la zona centro de la ciudad olívica. Maria Esther asegura que su primer contacto con el cáncer fue, precisamente, a través de su trabajo. “Cuando empecé a trabajar con pelucas, observé que la mayoría de clientes eran enferm@s de cáncer. Se viven momentos tensos en este tipo de negocio, el ambiente que predomina es de tristeza. No sólo viene gente mayor, también acuden a mi tienda jóvenes, y ahí ya se me cae el alma a los pies”- asegura.

“De repente, un día yo misma me veo afectada por la enfermedad”- me quedo ojiplática, la verdad es que esto no me lo esperaba. “Primero fue mi madre, con un cáncer de mama, y a los 2 años de eso me tocó a mí…”- Maria es una mujer activa, charlatana y nadie diria que ha vivido el cáncer en sus propias carnes- “Fue duro, muy duro. Del de mi madre ya han pasado 12 años, del mío 10. Ahora las dos estamos bien, vivas, felices. Hacemos vida normal”- no me cabe ninguna duda, a la vista está.

¿Y cómo afecta al entorno del enfermo conocer el diagnóstico? Según Maria Esther Lago “uno no puede apoyarse exclusivamente en los que están a tu lado, en tu pareja. Porque ellos no ven la parte psicológica, no lo tienen muy claro… Sino te ven muy muy malita ¡no te echan una mano!”- ríe. A partir de su propia experiencia, asegura haberse sensibilizado más todavía con el cáncer. “Hay diferencia entre tratar con clientes enfermos de cáncer que con otro tipo de clientela. La mayoría llegan a mi tienda en un momento muy delicado de su vida. Algunos se muestran muy poco receptivos… ¡Los hay que hasta vienen llorando!”- señala. “No es lo mismo que clientes que vienen por una halopecia, o simplemente porque buscan un cambio de look”.

“Les cuento a mis clientes que yo también he pasado por eso. Entonces notas cómo les cambia la cara… Se alegran, ponen cara de alivio… Alivio, porque yo lo he tenido y estoy viva”.

¿Cómo es el día a día de alguien que regenta una tienda de venta de pelucas? “Preparo las pelucas que están en exposición, realizo cortes, tintes y mechas más modernos a las pelucas, trato de renovar la tienda. Con mis clientes, sobre todo con los indecisos, pierdo bastante tiempo, pero no me importa, porque me gusta, me siento bien, a pesar de que los cojo en la peor fase: cuando empiezan la quimio, cuando se les está cayendo el pelo…”.

Sin duda lo que parece un trabajo sencillo no lo es, incluso requiere ser un poco psicóloga, algo de lo que te das cuenta cuando llevas 5 minutos charlando con Maria Esther. Hay momentos complicados. “Llevo bastante mal que hay clientes y clientas a los que conozco en la fase inicial de la enfermedad, luego pasan años sin venir, y a lo mejor, de repente, tienen una recaída y vuelven por aquí… Entonces no me alegro nada de verlos, es lo que peor llevo”- asegura.

Ella, como mujer que ha superado un cáncer de mama, asegura que es necesario desconectar de vez en cuando, perder de vista la enfermedad “Sino, te vuelves loca”- recalca. “En mi caso, lo único que me ayudaba a desconectar era mi trabajo, estar en contacto con los clientes. En esos momentos, me olvidaba por completo de mí misma para centrarme en ellos. En los momentos de soledad es cuando una piensa más…”- tiene toda la razón, aunque si esos momentos de soledad nos mantenemos ocupad@s… Entonces tampoco le damos vueltas al cáncer ni a nuestro estado de salud.

Claro que no tod@s pueden permitirse eso de tener cáncer y trabajar al mismo tiempo. Maria Esther es una de pocas. “Cuando tuve cáncer de mama seguí trabajando, porque mi trabajo no requería un esfuerzo físico descomunal: si una tarde estaba mal, pues no venía. No tengo un horario estricto, en eso he tenido suerte”- nos cuenta.

¿Cambia en algo tu vida después de tener un cáncer? “En mi caso no ha cambiado nada. Al tener una mastectomía radical (le han extirpado un pecho) yo físicamente no me gusto, pero ya lo tengo aceptado. No voy por ahí anunciando con un cartel que he tenido cáncer, pero tampoco tengo problema en decirlo: No me veo distinta a los demás”- explica.

¿Puede una peluca cambiarte la vida si has sido diagnosticad@ de cáncer, leucemia o de un linfoma? Maria Esther está convencida de que sí, y no porque ella se dedique profesionalmente a este negocio.

“El 90% de la fuerza para afrontar un cáncer viene dado por la autoestima. El aspecto enfermizo que produce el tratamiento, con cara ojerosa, tono de piel cetrino, caída del cabello… hace que te veas en el espejo y te caigas. Lo importante, lo fundamental, es no permitir que nuestro aspecto sea de enfermo”- recalca. “Creo que el uso de peluca debería ser obligatorio para quienes tienen cáncer. Hay quien, tras el diagnóstico, se encuentra abatido, y asocian la peluca con el cáncer y se niegan a usarla. Pero es un error. La seguridad que le da a una persona verse guapa, verse con pelo, no tiene precio. Es importantísimo para tener fuerzas y ánimos”- insiste.

La peluca tiene más demanda por parte de las mujeres que de los varones. ¿Tendrá esto alguna explicación, o es que, simplemente, somos más vanidosas?

“Para ellos la pérdida del pelo es menos traumática, lo ven como algo secundario. De hecho muchos chicos se rapan el pelo por cuestión de modas o porque les gusta, no por tener cáncer. En una mujer, sin embargo, el pelo rapado no es nada habitual. Vendo pelucas también a hombres, pero ellos son sólo un 10% de mi clientela, el otro 90% son mujeres”- explica Maria Esther. “A ellos les importa mucho menos la imagen, y de hecho también son más reticentes que nosotras a usar maquillaje, no quieren ni oir hablar del tema. Ellos están más pendientes de su enfermedad en sí, mientras que a nosotras nos preocupa más nuestro aspecto, los efectos secundarios…”.

No tiene ningún libro, película o canción predilecta (o quizás la pregunta la ha pillado por sorpresa), pero asegura que antes era mucho “de dramas” (en lo que a cine se refiere) y a raíz de la enfermedad empezó a aficionarse a las comedias. “Necesito que me hagan reír”- explica. Asegura que para ella un color que refleja optimismo es el blanco, aunque parezca mentira (por ser un color asociado a hospitales). ¿Porqué? “El color blanco desprende luz, claridad. Te hace ver las cosas más claras”.

En cuanto a su estilo de vida, Maria Esther es fumadora. No ha intentado dejar de fumar, ni tiene pensado dejarlo. Sin embargo, se declara a favor de la Ley Antitabaco que entrará en vigor en enero de 2011 “si me prohíben fumar por ley, a lo mejor así consigo dejarlo”- señala. En cuanto a si lleva o no una vida saludable… Pues a medias. “Me pongo de nota un 6. El tabaco me resta puntos, y también el café, porque tomo mucho, aunque no debería. Para compensar, no bebo nada de alcohol, me alimento bien y trato de ir andando a todas partes. También iba 2 días a la semana a pilates, aunque ahora lo he dejado. Tengo una vida muy activa, porque… ¡soy muy activa!”.

Para Maria Esther, una vez que le explico porqué un canguro da nombre a mi iniciativa “no hay un animal mejor para transmitir lo que tú quieres”. Recomienda la web a cualquier persona que de una u otra forma haya sido “tocada” por el cáncer. Y su mensaje está muy claro, para todos aquellos que viven con esta enfermedad:

“Es una mala etapa, de esto se sale”.

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